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EL
canto gregoriano
NOTAS
PARA UN CONCIERTO DIDÁCTICO ©
Canticum
Novum Schola Cantorum Bogotensis ha presentado varios
conciertos en los que se ha pretendido ilustrar a los oyentes acerca
de la historia, las características, los géneros y el escenario
natural para el que fue compuesto (la misa, el oficio divino y las
celebraciones paralitúrgicas).
El
canto de las diversas melodías gregorianas va precedido por algunas
ideas que ayudan al oyente a ubicarse dentro del contexto del canto
gregoriano.
I.
Orígenes
Desde
el comienzo del cristianismo la música fue empleada en las reuniones
que, medio secretas, en lugares apartados y, casi siempre de noche,
transcurrían entre lecturas, rezos y cantos, aunque de manera muy
restringida, no solo porque las persecuciones obligaban a la discreción
(no hay que olvidar que el pueblo judío estaba bajo el dominio del
Imperio romano) sino porque era muy pequeño el repertorio y pocos
los intérpretes.
La
primera música utilizada fue la música hebrea y greco-romana. Se
puede asegurar que emplearon ante todo la salmodia o declamación
melódica de los salmos, que eran los antiguos poemas escritos por
el rey David y por Asaf. Voceaban el antiguo grito: aleluya, que
significa, alabad a Dios; o cantaban el amén, que significa "así
sea", o hacían la invocación: gloria al Padre.
Las
primeras creaciones musicales cristianas fueron improvisaciones,
a manera de adoraciones, súplicas o exhortaciones.
Por
otra parte, se incorporaron a la liturgia cantos modelados sobre
himnos paganos, a los cuales fueron adaptados textos cristianos.
Habiéndose
iniciado las persecuciones desde muy pronto, ya que en el año 41
sobrevino la de Herodes Agripa, los seguidores de la nueva religión
comenzaron a huir. Esta dispersión tuvo como consecuencia la formación
de varios núcleos cristianos en oriente, Jerusalén, Antioquía, Alejandría,
Grecia y Bizancio; y en occidente, Milán y Roma.
Cada
uno de estos centros comenzó a crear su propia liturgia, o forma
de realizar los actos religiosos. Con el correr del tiempo el cristianismo
se expandió por todo el occidente europeo.
La
música cristiana, tanto de oriente como de occidente, tuvo, durante
los primeros siglos, características comunes, heredadas sobretodo
de la música hebrea y de la música griega.
Una
muestra de música cristiana oriental es la pieza que figura en el
primer número de nuestro programa. Se trata de una oda, es decir
un canto poético, de la liturgia de Bizancio: Anastaseos
hemera.
Enseguida
encontramos un breve ejemplo de la música del primer gran núcleo
cristiano en occidente, el de Milán, cuya liturgia fue establecida
por san Ambrosio. Escucharemos una estrofa del himno con texto latino,
Veni
redemptor gentium, sobre el cual habría de modelar siglos más
tarde Martín Lutero tres de sus más hermosos corales: Nun komm
der Heiden Heilands, Verleih uns Frieden gnädiglish y Erhalt uns
Herr bei deinem Wort.
Mientras
la música ambrosiana cobraba enorme resonancia, se comenzó a organizar
el canto romano, que con el correr del tiempo vendría a ser el canto
gregoriano.
Los
papas de los siglos 5° y 6° desempeñaron un papel importantísimo
en el desarrollo del arte y la música.
Pero
a finales del siglo 6°, el 7 de septiembre del año 592 cuando, con
el ascenso al papado de Gregorio
I llamado magno, el canto romano alcanzó su más perfecta expresión.
Este
papa, de la familia noble de los Anicii, había sido pretor de Roma
a los 30 años y fundador de varias abadías.
Enviado
por el papa Pelagio 2° como legado a Bizancio ante el emperador
Tiberio Constancio, permaneció allí durante siete años y participó
del esplendor de la liturgia y la música bizantina en la catedral
de santa Sofía.
Cuando
regresó a Roma fue nombrado secretario de la Santa Sede, pero además
dirigía el canto y, como arcediano, es decir diácono principal,
interpretaba las piezas más difíciles del repertorio.
Una
vez en el pontificado inició una obra que puede resumirse en dos
aspectos: en primer lugar la compilación y selección de las melodías,
para que fueran copiadas y coleccionadas en un libro llamado antifonario.
En segundo lugar dedicó gran parte de su esfuerzo a la formación
de músicos, organizando en cada iglesia un grupo de cantores que
se conoció con el nombre de schola cantorum.
Emprendió
luego la tarea de unificación de las liturgias, lo cual logró en
gran parte. Desde entonces al canto de la liturgia romana se le
comenzó a llamar canto gregoriano, denominación ésta que se extiende
también a la creación musical posterior a Gregorio magno, si conserva
las mismas características.
¿Y
cuáles son esas características?
-
Se
canta con ritmo libre según el desarrollo de texto literario
y no con esquemas medidos, como podrían ser los de una marcha,
una danza, una sinfonía, etc.
-
Es
una música modal escrita en unas escalas de sonidos muy particulares,
que sirven para despertar variados sentimientos, como recogimiento,
alegría, tristeza, serenidad, etc.
-
El
texto está en latín, lengua del imperio Romano extendida por
Europa, pues aún no existían las lenguas romances. Solo unos
poquísimos trozos estaban en griego. Estos textos eran tomados
de los salmos y otros libros del antiguo Testamento; algunos
provenían de los evangelios y otros eran de inspiración propia,
generalmente anónima, que como lo anota Hugo Riemann "eran
llenos de inspiración poética y de pensamientos sublimes".
Desde
su nacimiento, la música cristiana fue, por otra parte, una oración
cantada, que debía realizarse no de manera puramente material, sino
con devoción, o como lo decía San Pablo, "cantando a Dios
en vuestro corazón".
San
Agustín habría de decir más tarde: "el que canta, ora dos
veces". Esta intención constituye la finalidad misma de
este canto, razón por la cual casi toda la música gregoriana es
de autor desconocido. Solo de unos poquísimos trozos se conoce el
autor, y ello porque no son composiciones de las más antiguas, sino
de los siglos 11 y 12 en adelante.
La
somera ilustración que se pretende dar aquí sobre esta música se
va a centrar en las distintas formas de las piezas musicales, las
que reciben el nombre de GÉNEROS.
Es
nuestra intención presentar a uds. ejemplos de un buen número de
ellos, mencionando en cada caso las circunstancias en que tales
piezas se entonaban.
El
más antiguo es quizás la SALMODIA.
Los
cristianos copiaron de los hebreos la costumbre de cantar salmos
enteros.
Este
canto se realizaba en forma casi recitada y alternada entre un solista
y el coro o entre dos coros.
La
estructura de la salmodia es silábica, es decir que a cada sílaba
del texto corresponde un sonido de la melodía.
Este
género tuvo gran acogida en Roma a partir del siglo V, cuando el
pueblo entero intervenía en la interpretación.
En
el canto gregoriano hay varias melodías con las que se pueden entonar
los salmos. Con una de éstas escucharemos el salmo
97, cuyo texto en latín se inicia con las palabras cantate
Domino canticum novum, de las que nuestro grupo coral tomó
su nombre.
II.
Común de la misa
La
misa es un rito que tuvo origen en Bizancio, y en forma muy semejante
en Antioquía, en el siglo 4°. Es una celebración para alabar a la
divinidad y agradecerle sus favores. Así mismo, hace actual el sacrificio
de Jesús en la cruz y su resurrección.
A
partir de los primeros siglos se fueron incorporando varias partes
que se cantaban con textos que no cambiaban de una celebración a
otra, llamados común de la misa, y que constituyen los géneros:
Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Benedictus y Agnus Dei, que se conservan
hasta nuestros días.
De
ellos escucharemos tres: en primer lugar el Kyrie
de la misa 11, compuesto en el siglo 10°.
El
Kyrie pertenece a las formas litúrgicas más antiguas. Fue tomada
de expresiones paganas con las que las gentes se dirigían al sol
o a los ídolos y se conservó en lengua griega cuando entró a formar
parte de la misa. Las palabras Kyrie eleison significan, Señor,
ten piedad, y se cantaban a la manera de las liturgias orientales,
repitiéndolas varias veces.
A
fines el Siglo 6° se añadió el Christe eleison, que quiere decir,
Cristo, ten piedad.
A
pesar de su origen tan antiguo los kyries llegados hasta nosotros
son del siglo 10° en adelante.
Luego
oiremos un Sanctus
y un Benedictus. El sanctus data de los albores mismos
del cristianismo y tuvo su origen en la esplendorosa liturgia de
Bizancio, en el siglo II, con la creación del trisagio, consistente
en tres aclamaciones con la misma palabra.
Escucharemos
un trisagio que se cantaba originalmente en oriente, y después se
cantó en occidente durante la liturgia del viernes santo (Agios
o Theos). A continuación el Sanctus
de la misa IX que data del siglo 14 y para finalizar
el segmento, oiremos el Agnus
Dei de la misa IX, que data del siglo 10°.
El
Agnus Dei solo aparece a fines del siglo 7°. Consiste en unas breves
súplicas que hacen eco a la expresión "cordero", utilizada
por san Juan en el Apocalipsis.
Estos
himnos produjeron profunda impresión en san Agustín, y por su sencillez
sedujeron al pueblo en general.
Vamos
a oír tres estrofas del himno Vexilla
Regis, que se entonaba en época de cuaresma,
es decir de penitencia, en honor de la cruz.
La
antífona de los salmos era el canto alternado entre dos coros y
practicado por los judíos desde la antigüedad. Pasó al culto cristiano
por vez primera en la iglesia ambrosiana de Milán.
Si
se cantaba entre un solista y el coro, se llamaba responsorio.
El
responsorio y la antífona tuvieron, como decíamos arriba gran importancia
en la liturgia de las horas, que era una oración que se cantaba
cada tres horas, durante todo el día, inicialmente en Alejandría
y Antioquía y en el siglo 5° en Roma.
En
el siglo 6° la antífona adquiere carácter propio y autonomía como
preludio de un salmo, de acuerdo con su nombre, ya que antífona
quiere decir lo que se canta con anterioridad. Su forma es silábica
o apenas adornada.
Las
antífonas que oiremos en este segmento corresponden a la celebración
del domingo de ramos.
Las
dos que se inician con las palabras pueri
hebraeorum se entonaban en esa ocasión junto con el
encabezamiento del salmo N° 22: "Tú eres el rey de Israel..."
III.
Propio de la misa
La misa tenía también unas partes
que eran variables según la fiesta que se estuviera celebrando.
De estas partes, tres eran justamente
antífonas, a saber: el intróito, o canto de entrada, el ofertorio
para la procesión con las ofrendas, y la comunión, el más antiguo
de estos tres cantos, pues data del siglo 4°, que se entonaba durante
la repartición del pan.
Vamos a escuchar el intróito "Exurge,
Domine", del domingo dos semanas antes de empezar
el tiempo de penitencia, cuando la liturgia tomaba un tono de súplica.
Y luego escucharemos la comunión,
"Factus
est repente", que corresponde al día de Pentecostés,
o sea al día de la llegada del Espíritu santo sobre los apóstoles
y es una cita tomada del evangelio.
IV.
Himnos, antífonas, propio de la misa
Había otras tres partes de la misa,
también variables de acuerdo con la celebración del día, como las
dos últimas del anterior segmento, las que se cantaban entre la
lectura de la epístola (carta apostólica) y la del evangelio (narración
de la vida, doctrina y muerte de Jesús).
Estos tres géneros llevaban los nombres
de gradual, tracto y aleluya, y se ceñían a la manera responsorial,
es decir que se cantaban entre solista y coro. Musicalmente eran
las partes más importantes y exigentes. Se confiaban por ello a
cantores expertos, y podían constar de dos o más partes.
Vamos
a oír en el primer renglón de este segmento el tracto Absolve
Domine, de la misa de difuntos, que consta de tres
partes, a manera de versiones variadas y enriquecidas de una misma
melodía.
Y luego oiremos el Alleluia
de la fiesta del Corpus Christi, es decir del cuerpo de
Cristo.
Alleluia es el antiguo grito de Israel,
que quería decir, alabad a Dios, y su canto fue vivamente
inspirado, como lo atestigua san Agustín en el siglo 4º, al referir
que los cantores gritaban de gozo para expresar su inmensa alegría.
Fue traído del oriente y rápidamente introducido en Roma.
Estos cantos jubilosos constan de
la entonación de la palabra aleluya y sobre ésta ultima A se prolongan
ricas y extensas vocalizaciones, llamadas jubilus, es decir,
júbilo.
Luego viene un versículo de un salmo
o del evangelio, que se canta también en forma muy adornada, para
concluir con la repetición del aleluya inicial.
Por otra parte el canto gregoriano
tuvo, después de la muerte de
Gregorio magno, un constante enriquecimiento en todas sus manifestaciones,
y es así como en el siglo 10°, en el convento de sankt Gallen, Suiza,
que había sido creado en tiempo de Carlomagno, se formó una de las
escuelas más notables en el cultivo del canto religioso.
Aquí nacieron los géneros conocidos
como secuencia y tropo.
La sequencia fue un género nuevo
que siguió modelos bizantinos y consistía en acomodar textos latinos
a las muchas notas que tenía el canto del aleluya. Fue concretando
su forma en estrofas con versos medidos, como los de los himnos,
y rimados como los versos de nuestras lenguas modernas.
Escucharemos la secuencia Victimae
Paschali laudes, de la fiesta de la pascua
de resurrección.
El tropo es un género cuyo origen
ha de buscarse en Bizancio, y que consistió en acomodar textos latinos
a las muchas notas de algunas piezas, ya fueran de la misa o del
oficio.
El coro entonará la versión tropada
del Kyrie
eleison de la misa II, al cual le fueron interpoladas
expresiones de adoración entre la palabra kyrie y la palabra eleison,
valiéndose de las notas de los melismas en la pieza original.
Por último vamos a mencionar algunos
otros géneros, de los cuales vale la pena destacar el responsorio.
Siguiendo una tradición muy antigua
se practicaba, especialmente en los conventos, el canto o liturgia
de las horas, llamado también el oficio, en donde tuvieron gran
importancia los salmos, las antífonas y los responsorios, como se
mencionó anteriormente. Estos últimos se entonaban después de una
lectura bíblica, en forma alternada entre un cantor y el coro.
El último segmento de nuestra presentación
se inicia con el canto del responsorio Homo
quidam, del oficio romano, con texto del evangelio.
Y las restantes piezas tienen muy
distintas formas, fruto de la creatividad cristiana en distintas
épocas. Así la pieza Attende
Domine, la cual consta de estrofas poéticas con un
estribillo, que dice: escucha, Señor y apiádate, porque pecamos
contra ti.
Oiremos después el cántico Lapis
revolutus est, de la fiesta de pascua, y breves textos
narrativos.
Luego incluiremos tres cantos de la época de navidad,
a saber: Résonet
in láudibus, Omnis
mundus jucundetur y Ecce
nomen Domini Emmanuel.
Y finalizaremos nuestra presentación
con dos de las muchas piezas que a través de los siglos han dedicado
los cristianos a la madre de Jesús: Salve
Regina y Ave
Maria.
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Bogotá, Colombia. 2003
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